1955
Fallece José Ortega y Gasset y su discípula publica en la
revista Ínsula (n.º 119) su necrológica («D. José»).
En Roma, conoce Zambrano también a otros intelectuales españoles:
algunos jóvenes literatos como Alfredo Castellón, y al poeta
y traductor Tomás Segovia, a Alfonso Roig y Agustín Andreu,
curiosos representantes y herederos de la Iglesia católica, de esa
que Zambrano llama «religión de la luz». Entabla amistad
también con Carlos Barral y Alfonso Costafreda, pero sobre todo con
Jaime Gil de Biedma, quien en Compañeros de viaje (1958) le dedica
su poema: «Piazza del Popolo (habla María Zambrano)».
«Cuando iba Jaime Gil de Biedma a Roma», ha escrito Zambrano14,
«solíamos pasear por la Via Appia, donde todavía tengo
un amante que me espera (...) Mi enamorado (...) sigue allí, es una
estatua... Allí, en Roma, entre la Piazza del Popolo, la Via Appia,
el Rosati, en el lugar donde están apretados los cipreses, donde
las almas te hablan, allí está el recuerdo de mi hermana Araceli
y de Diego de Mesa y de Jaime Gil de Biedma».
Además de dirigir la sección de literatura española
en la revista Botteghe oscure, trabaja incansablemente en dos grandes investigaciones:
las referidas a «Filosofía y Cristianismo» y «Los
sueños, el tiempo y el pensar». De los restos del naufragio
—afirmará ella— de la primer surge El hombre y lo divino.
Los avatares de los diversos enfoques fragmentarios de la segunda, conducirán
a una serie de publicaciones: las tres versiones que hace de Los sueños
y el tiempo, para sendas revistas Diógenes, de Buenos Aires y París
(1957) y la traducción al italiano en 1960. Así mismo, envía
al Congreso de Rougemont (1954) «El sueño creador», que
en forma ampliada publicará en 1955. Todos los escritos de Zambrano
desde 1953 a 1965 (...) configuran —en una multiplicidad de temas
y singulares visiones— una continuada y coherente reflexión
sobre el nacimiento de la forma a través de los sueños y de
los tiempos, acerca del «sueño creador» que consuma y
consume las discontinuidades del tiempo de la vigilia y le hace entrar en
el «ancho presente» donde la vida humana se hace posible y comienza
a renacer. Y durante toda esta «etapa» de Zambrano, los motivos
históricos, éticos y políticos se imbrican de forma
renovada con la reflexión sobre la conciencia, la constitución
del individuo y la persona, y los ya casi místicos vuelos que va
adquiriendo el pensar de Zambrano. Así, Persona y democracia (1959),
La tumba de Antígona (1967), establecen una peculiar relación
entre la «historia trágica» (la realmente habida) y la
posibilidad de una «Historia ética», que es, para ella,
el único punto de fuga salvador del persistente «exilio»
en que habita la tierra el ser humano. «La carta sobre el exilio»
(1961)15 aparece así como uno de sus escritos más clarificadores
para comprender desde qué perspectiva histórica está
Zambrano creando su «razón poética».
Pero estos puntos de luz proceden de una gran penuria vital. Y aun de infiernos,
en calificación de la propia Zambrano, en carta a Lezama Lima de
195616. Araceli pasa gravísimas y sucesivas tromboflebitis entre
1957 y 1958. «Y lo más terrible: la situación económica»,
escribe Zambrano en una carta a su tía Asunción, el 31 de
Agosto de ese año. «Pues yo tenía un poco de dinero
de mi libro de Puerto Rico17 pero se gastó en poco más de
un mes. Y luego... he tenido que escribir cartas y más cartas pidiendo
dinero; he tenido que pedirlo prestado a los amigos de aquí, he tenido
que mandar de prisa y corriendo trabajos míos a revistas para que
me los paguen (...) Lástima que no tengamos una casa, siquiera una
habitación para ofrecérosla. Tenemos dos divanes que ni sé
cómo han resistido (...)». Pero los días romanos, además
de por los amigos presentes, están acompañados por los ausentes.
Existe de esta época una abundante correspondencia, entre muchos
otros, con Lezama Lima, Emilio Prados, L. Cernuda, Bergamín (desde
enero de 1954 a octubre de 1963 éste escribe a Zambrano, al menos,
14 cartas). Todas desde el más luminoso goce (no exento de venenosos
venablos a diestro y siniestro) por encontrarse de nuevo en Madrid. Y en
el balanceo desde el eufórico «venid pronto» al cauteloso
«todavía no», el pájaro pinto siembra en María
Zambrano la necesidad del «porque debes venir un día. Debes
venir. Sufrirás más si no lo haces. Pero todavía espera
un poco más» —le escribe el 5 de octubre de 1963.
15 (...) Asimismo en Los bienaventurados el capítulo sobe «el
exiliado».
16 Véase la contestación de Lezama Lima de marzo de 1956 en
«Cartas 1939-1976», Orígenes, Madrid 1978.
17 Ha de referirse a Persona y democracia que, escrito en Roma en 1956,
es enviado a Puerto Rico, donde lo publicará el Ministerio
de Instrucción Pública en 1959