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Biografía

Biografía

1904-1937 1936-1953 1953-1991

1955
Fallece José Ortega y Gasset y su discípula publica en la revista Ínsula (n.º 119) su necrológica («D. José»).
En Roma, conoce Zambrano también a otros intelectuales españoles: algunos jóvenes literatos como Alfredo Castellón, y al poeta y traductor Tomás Segovia, a Alfonso Roig y Agustín Andreu, curiosos representantes y herederos de la Iglesia católica, de esa que Zambrano llama «religión de la luz». Entabla amistad también con Carlos Barral y Alfonso Costafreda, pero sobre todo con Jaime Gil de Biedma, quien en Compañeros de viaje (1958) le dedica su poema: «Piazza del Popolo (habla María Zambrano)». «Cuando iba Jaime Gil de Biedma a Roma», ha escrito Zambrano14, «solíamos pasear por la Via Appia, donde todavía tengo un amante que me espera (...) Mi enamorado (...) sigue allí, es una estatua... Allí, en Roma, entre la Piazza del Popolo, la Via Appia, el Rosati, en el lugar donde están apretados los cipreses, donde las almas te hablan, allí está el recuerdo de mi hermana Araceli y de Diego de Mesa y de Jaime Gil de Biedma».
Además de dirigir la sección de literatura española en la revista Botteghe oscure, trabaja incansablemente en dos grandes investigaciones: las referidas a «Filosofía y Cristianismo» y «Los sueños, el tiempo y el pensar». De los restos del naufragio —afirmará ella— de la primer surge El hombre y lo divino. Los avatares de los diversos enfoques fragmentarios de la segunda, conducirán a una serie de publicaciones: las tres versiones que hace de Los sueños y el tiempo, para sendas revistas Diógenes, de Buenos Aires y París (1957) y la traducción al italiano en 1960. Así mismo, envía al Congreso de Rougemont (1954) «El sueño creador», que en forma ampliada publicará en 1955. Todos los escritos de Zambrano desde 1953 a 1965 (...) configuran —en una multiplicidad de temas y singulares visiones— una continuada y coherente reflexión sobre el nacimiento de la forma a través de los sueños y de los tiempos, acerca del «sueño creador» que consuma y consume las discontinuidades del tiempo de la vigilia y le hace entrar en el «ancho presente» donde la vida humana se hace posible y comienza a renacer. Y durante toda esta «etapa» de Zambrano, los motivos históricos, éticos y políticos se imbrican de forma renovada con la reflexión sobre la conciencia, la constitución del individuo y la persona, y los ya casi místicos vuelos que va adquiriendo el pensar de Zambrano. Así, Persona y democracia (1959), La tumba de Antígona (1967), establecen una peculiar relación entre la «historia trágica» (la realmente habida) y la posibilidad de una «Historia ética», que es, para ella, el único punto de fuga salvador del persistente «exilio» en que habita la tierra el ser humano. «La carta sobre el exilio» (1961)15 aparece así como uno de sus escritos más clarificadores para comprender desde qué perspectiva histórica está Zambrano creando su «razón poética».
Pero estos puntos de luz proceden de una gran penuria vital. Y aun de infiernos, en calificación de la propia Zambrano, en carta a Lezama Lima de 195616. Araceli pasa gravísimas y sucesivas tromboflebitis entre 1957 y 1958. «Y lo más terrible: la situación económica», escribe Zambrano en una carta a su tía Asunción, el 31 de Agosto de ese año. «Pues yo tenía un poco de dinero de mi libro de Puerto Rico17 pero se gastó en poco más de un mes. Y luego... he tenido que escribir cartas y más cartas pidiendo dinero; he tenido que pedirlo prestado a los amigos de aquí, he tenido que mandar de prisa y corriendo trabajos míos a revistas para que me los paguen (...) Lástima que no tengamos una casa, siquiera una habitación para ofrecérosla. Tenemos dos divanes que ni sé cómo han resistido (...)». Pero los días romanos, además de por los amigos presentes, están acompañados por los ausentes. Existe de esta época una abundante correspondencia, entre muchos otros, con Lezama Lima, Emilio Prados, L. Cernuda, Bergamín (desde enero de 1954 a octubre de 1963 éste escribe a Zambrano, al menos, 14 cartas). Todas desde el más luminoso goce (no exento de venenosos venablos a diestro y siniestro) por encontrarse de nuevo en Madrid. Y en el balanceo desde el eufórico «venid pronto» al cauteloso «todavía no», el pájaro pinto siembra en María Zambrano la necesidad del «porque debes venir un día. Debes venir. Sufrirás más si no lo haces. Pero todavía espera un poco más» —le escribe el 5 de octubre de 1963.
15 (...) Asimismo en Los bienaventurados el capítulo sobe «el exiliado».
16 Véase la contestación de Lezama Lima de marzo de 1956 en «Cartas 1939-1976», Orígenes, Madrid 1978.
17 Ha de referirse a Persona y democracia que, escrito en Roma en 1956, es enviado a Puerto Rico, donde lo publicará el Ministerio de Instrucción Pública en 1959

Agosto de 1964
Araceli y María Zambrano se ven literalmente expulsadas de Roma18. Fueron denunciadas por un vecino fascista, por causa de los múltiples gatos que tenían en su piso de Lungotevere Flaminio. Recibiendo la policia una orden de expulsión para dejar Italia en doce horas. A través de E. Croce y del propio hijo de Saragat accedieron a éste, entonces Presidente de la República, quien hubo de interrumpir un Consejo de Ministros para poder cancelar el susodicho mandato de expulsión. Pero en septiembre las dos hermanas, acompañadas de su primo Rafael Tomero, abandonan Roma para irse a una casa de la montaña del Jura, en La Pièce. Rafael Alberti ha relatado19 la escena de la salida de Roma: «(...) María iniciaba la partida hacia el pequeño caserío francés de La Pièce, en la frontera suiza, con toda su corte felina acuestas maullando desde el interior de mínimas jaulas».
18 La información que sigue sobre la salida de Roma me la ha proporcionado por carta Rafael Tomero.
19 Diario 16, 7 de febrero de 1991.

1964-1971
El 14 de septiembre de 1964 legan a la casa de La Pièce. «Parece un convento abandonado» —dijo María Zambrano al verlo— «pero tiene gracia». Aquilino Duque, Ángel Valente y los primos Rafael y Mariano Tomero fueron los más significativos valedores de las hermanas en aquella soledad. Y aquí María Zambrano trabajará y escribirá más que nunca. Amplía El sueño creador, publica España, sueño y verdad, y finaliza La tumba de Antígona. En 1967 aparece «La palabra y el silencio», artículo clave hacia los Claros del bosque. pero también son de esta época múltiples trabajos que figurarán luego De la aurora, Los bienaventurados, Notas de un método y Los sueños y el tiempo. A más de ello existen aún numerosos inéditos de esa época.
Y, aunque mínimamente, algo resuena en España de esta «rara» escritora. A través de la revista Ínsula, desde los primeros años 50. Ahora, Los cuadernos del Norte, Papeles de Son Armadans y Triunfo, de cuando en cuando, publican algún artículo suyo. A su vez, J. L. L. Aranguren publica en la Revista de Occidente (febrero de 1966) «Los sueños de María Zambrano» y enseguida aparece en Ínsula (septiembre) el artículo de J. A. Valente «María Zambrano y el sueño creador». En 1967, J. L. Abellán le dedica un estudio en Filosofía española en América (1936-1966). Desde 1970 las hermanas tienen proyectado el irse a vivir en Torre del Greco, a la Villa Leopardi (llamada la «Ginestra» porque allí escribió el poeta este poema, sobre las faldas del Vesubio. A través de Elena Croce, la Villa le fue ofrecida a María Zambrano por el Comité Italiano para la Conservación de Monumentos. Lo impide la salud de Araceli que es progresivamente precaria. A pesar de la resistencia de María a internarla en una clínica, a finales de 1971 ha de acceder a llevarla a la de Belair donde conoce al gran psiquiatra español Ajuriaguerra. El día 20 de febrero de 1972 Araceli fallece como consecuencia de una aguda troboflebitis. Pocos días antes de morir parece haberle dicho a su hermana: «María, desenróscate, que te prendes a mi como una serpiente. ¡Déjame morir!».

1972
Tras la muerte de Araceli, María Zambrano permanece cuatro meses en La Pièce. En el otoño realiza un viaje breve a Grecia como Timothy Osborne y su esposa Nancy, visitando Atenas, Delfos, Eleusis y Sounion.

1973
Todo este año vive nuevamente en Roma (trasladándose con frecuencia a La Pièce), en un hermoso ático de la Piazza dei Fiori que le proporciona su «hermano» Timothy Osborne. Vive voluntariamente aislada, retirada y sin un solo gato. «La Máscara de Agamenón» o «El vaso de Atenas», testimonian ambos tanto aquel viaje a Grecia como el poso que le dejó la muerte de su hermana; el mismo que le hará escribir, ya para Claros del bosque, «La entrega indescifrable».

1974-1978
Vuelve a residir en La Pièce. Siempre acompañada por algunos íntimos amigos y sus primos Rafael y Mariano Tomero, María Zambrano lleva una vida de máxima concentración. Surge Claros del bosque, en cuya ordenación le ayudó J. A. Valente y que fue mecanografiando Joaquina Aguilar. Pero antes da a publicar el que acaso sea el escrito más clarificador de la «vía» que Zambrano viene recorriendo: «El camino recibido».
Y en un curioso movimiento de hacer renacer lo más valioso de la tradición española y de sus maestros y contemporáneos, va publicando sus más decisivos puntos de vista sobre: Machado y M. de Molinos (1975), García Lorca (1976), la Generación del 27 y E. Prados (1977), Miguel Hernández y Cernuda (1978), Pablo Iglesias, Bergamín, Miró (1979) y no deja de parecerme que Claros del bosque es la manera en que Zambrano pone en «obra» al propio San Juan de la Cruz. Zambrano allí, está manifestando, ya en una forma muy depurada, la filosófica y vital «autofagia» que ella declaró (en «San Juan de la Cruz de la noche oscura a la más clara mística»), había realizado el santo. Por ello, un escrito breve muy iluminador de esta frase es «El horizonte y la destrucción» (1975). No creo pueda comprenderse Claros del bosque sin tener en cuenta la conversión que en este libro se hace del «horizonte filosófico» (regido por la metáfora de la pura «visibilidad») en el «centro» de una razón poética (regida ya por una luz que es la sonorización de Apolo)22. Zambrano regresa del sentido al puro sonido. También el castellano gana con ello.
22 Tanto para El hombre y lo divino como para Claros del bosque, (...), es de sumo interés tener en cuenta el libro de Dumezeil Apolo Sonoro.

1975
Lezama Lima le dedica su poema «María Zambrano» (recogido en Fragmentos a su imán): « María se nos ha hecho tan transparente / que la vemos al mismo / en Suiza, en Roma o en La Habana (...).

1977
Fallece aquel su gran amigo, y Zambrano escribe su «Lezama Lima: Hombre verdadero». El deterioro de su salud física es constante. Pero lo más penoso para ella es la progresiva pérdida de la vista. Cada vez le es más costoso leer y escribir. No obstante, va componiendo algunos fragmentos de De la aurora: «Los mares», «Tal como un péndulo».

1978
Se traslada a Ferney-Voltaire a un piso moderno, muy cerca del Chateau de Voltaire. Proliferan sus males y los de su primo y atento cuidador Mariano que ha de ser ingresado en Ginebra con una perforación de estómago. No obstante, sigue trabajando intensamente en la elaboración de lo que luego serán Notas de un método. Le escribirá el 2 de julio al poeta Edison Simons25: «Son elocuentes los signos de que publicar es una transgresión para algunas personas entres las que me cuento (...) quemar todos mis papeles, irme a un verdadero desierto (...), no lo se. Y si creyendo saberlo, no encuentro modo, fuerza, capacidad ni quien me lleve —esto último sobre todo—, será mi destino, mi sentencia, quedarme en el confín». Las obras de Zambrano van adquiriendo un tono secreto, desde el que, como de puntillas, se hacen múltiples exégesis filosófico-poéticas de la gran tradición. Cierta «alquimia» filosófica va empapando todos sus escritos.
25 Epistolario aún en prensa en Fugaz Ediciones, Alcalá de Henares, Madrid.

1979
El declive físico es inexorable. Pero ello no la rinde. El 12 de agosto escribe a Edison Simons: «Estoy incapaz de todo o casi todo. Necesito adentrarme en alguna secreta fuente de agua pura y vivificante, en silencio, con el pensamiento, eso sí, de los amigos que quiero hondamente. No me siento sola. Edi, no estamos solos». Y es precisamente ahora cuando, en la distancia, establece una gran amistad con María Luisa Lezama26. Y siguen persistentes los recuerdos de su «Isla secreta» y los contactos epistolares y personales con ella: Cintio Vitier, Carlos Franqui, e incluso con algunos «foráneos» a quienes como «Cortázar», los conoció en ella.
26 La esposa de Lezama Lima, a la que Zambrano no llegó a conocer personalmente.

1980
Se traslada a Ginebra (Avenue de Secheron, 3). Allí todo pudiera ser más fácil. Rafael y Mariano Tomero, Orlando Blanco, Paloma Prados, Emma García y su esposo el profesor Luis López Molina, los médicos R. Pascual y el llamado (por María) «ogro» Zrumba, Carmen Petere, a más de Americo Ferrari, Chimo Verdú, o el propio Valente, «cuidan» de una María Zambrano cada vez más frágil y necesitada de todas las ayudas. Hay dos escritos publicados este año que acaso sean los mejores testimonios de su estado anímico: «No la llaméis, no la llaméis que no viene» (a la muerte, se entiende), y «La Noche del sentido —la aurora de la palabra es la noche del sentido». A su vez, su fidelidad personal y literaria a sus amigos se pone de nuevo en obra: «La mirada originaria en la obra de J. A. Valente» o «En la distancia (sobre José Herrera Petere)».
A propuesta de la colonia asturiana de Ginebra es nombrada hija adoptiva del Principado de Asturias. Es el primer reconocimiento oficial de Zambrano en España.
Y tras una Conferencia de J. A. Valente en el Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid, se escucha allí la voz de María Zambrano, grabada en cinta por aquél, recorriendo «Algunos lugares de la palabra» (textos de Claros del bosque). Es la primera vez, desde 1939, en que se oye en España, en público, su voz.

1981
Desde la que comienza a ser la un tanto insostenible existencia de Zambrano en Ginebra, se abren algunos espacios de luz. Y, a su vez, los ecos de su voz comienzan a obtener en España ya más amplias resonancias. Le es concedido el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. El 13 de junio Zambrano aparece por partida doble ante la opinión pública española: el suplemento cultural «Sábado literario» del diario Pueblo le dedica íntegramente sus páginas. A las 10 de la noche, en Radio Nacional, se ofrece una larga entrevista con ella del poeta J. M. Ullán, en la que se le oyó decir «Es que es terrible volver al cabo de tanto tiempo. Yo siento la llamada. Yo quiero ir. Pero lo que no quiero es tirarme por la ventana. hay algo que todavía se resiste (...). Que sea lo que Dios quiera». En seguida Cuadernos del Norte le dedica un número especial (n.º 8, agosto). El ayuntamiento de su pueblo, Vélez-Málaga, la nombra hija predilecta.

1982
Desde el comienzo del curso 1981-1982, un Instituto de bachillerato de Leganés lleva el nombre de María Zambrano. El «Aula de Filosofía» de Sevilla celebra unas jornadas en su homenaje. En Madrid (Colegio Mayor San Juan Evangelista) se celebra, en mayo, un ciclo de conferencias sobre su pensamiento. Escribe a Jesús Moreno Sanz el 7 de mayo: «(...) fatigadísima; pero contenta, a punto de que aparezca la felicidad subsistente». Y el 18 de marzo: «¡Que maravilla la conversación de ayer tarde! Sentí la luz de Madrid. Pero el punto oscuro de la llama que espero se convierta, se disuelva». Finalmente el 2 de mayo: «Guárdame el secreto: es lo que más me mueve a ir, a dar alguna clase de filosofía27, a morir, a irme muriendo así. Si encontrara lo paralelo indispensable en el vivir. A saber: una familia que me cuide (...) ¡Si Dios quisiera! Sola no puedo vivir en una casa (...)».
Ese año aparece en la Universidad de Málaga el libro María Zambrano o la metafísica recuperada, coordinado por Juan Fernando Ortega Muñoz, y en el que también participan José Luis López Aranguren, J. A. Valente, Alain Guy, A. Doblas Bravo y Pere Gimferrer. A su vez, la Junta de Gobierno de aquella Universidad acuerda el nombramiento de María Zambrano como Doctora «Honoris Causa».
27 Se está refiriendo en la carta al Instituto que lleva su nombre.

1983
La salud de María Zambrano está muy quebrantada. Pero la decisión de volver está tomando fuerza. El lugar inicialmente elegido fue el convento de las Madres Agustinas de Valdepeñas (acaso considerara era su desierto, o su confín). A finales de junio (del 24 al 5 de julio) tuvo lugar el primer seminario sobre el pensamiento de María Zambrano28. A ese seminario acudió la madre Clara, fundadora y Superiora de aquel convento29, quien entablo una inmediata y singular amistad con María Zambrano. Cuando todo estaba preparado para que viniese a Valdepeñas, Zambrano cayó muy enferma. Los médicos que la atienden en Ginebra prácticamente la declaran deshauciada «por acabamiento natural de la vida». Acuciada por la artrosis, sin visión por cataratas en ambos ojos, y sufriendo una fuerte anemia, es internada en una clínica ginebrina.
28 Las ponencias, comunicaciones y mesas redondas de este Seminario están recogidas en el libro de Zero-Zix El pensamiento de María Zambrano, 1983 y corresponden a los siguientes autores: Fernando Savater, Jesús Moreno Sanz, Amparo Amorós, Antoni Marí, Fernando Muñoz, E. M. Cioran, A. Colinas, Julia Castillo, J. L. L. Aranguren y J. A. Ugalde.
29 Sobre la madre Clara apareció un artículo en el Ya (1 de julio de 1981), el artículo de Carlos Murciano «Madre Clara».

1984
Sorprendentemente Zambrano se recupera. En el mes de junio es operada de cataratas por el doctor Chanson (al que Zambrano dirá: «Sólo un doctor de la canción puede devolver la luz») en la clínica ginebrina de Beaulieu. El 24 de junio Jesús Moreno Sanz se desplaza a Ginebra a petición de Zambrano, con el fin de preparar los pormenores de su vuelta. Se ensaya una segunda tentativa. A Galapagar, a 33 km. de Madrid, que , a la postre, se mostraría también inviable. Y a la tercera... finalmente se apalabró un grande y luminoso piso muy cercano del Retiro: Antonio Maura 14, 4º B. Las iniciales desconfianzas de los dueños quedaron resueltas al saber que la inquilina sería María Zambrano. Eran parientes de Ortega.
El día 18 de noviembre Jesús Moreno Sanz fue a buscar a María Zambrano a Ginebra y el día 20, pisa de nuevo suelo español30 en Barajas. Por deseo expreso suyo únicamente tenía un receptor oficial, el hijo de su amigo Pedro Salinas, Jaime, entonces Director General del Libro. En el aeropuerto estaban esperándola también algunos de sus amigos y familiares: Julia Castillo y Javier Ruiz, Aurelio Torrente, Pepe Tomero y señora.
En diciembre María Zambrano comenzó, ayudada por quien esto escribe, a ordenar y elaborar sus notas y escritos para De la aurora. A su vez, Fernando Muñoz inició con ella una revisión completa de El sueño creador.
Durante este año, en muy pocas ocasiones Zambrano salió a Madrid: algunos paseos al Retiro, un recital de Amancio Prada y un concierto en el Teatro Real. Fueron llegando numerosos amigos a su casa: Soledad Ortega, J. M. Ullán, Enrique Azcoaga, Alfredo Castellón, cesar Antonio Molina, J. L. L. Aranguren, y muchos otros a los que conoce personalmente entonces o en los años sucesivos, como Isabel García Lorca, Clara Janés, Jesús Aguado, Juan Carlos Marsé. Y siempre que estuvieron en Madrid la visitaron Octavio paz, Eliseo Diego, Gastón Baquero, García Bacca, R. Martínez Nadal, y, hasta poco antes de su muerte, Jaime Valle-Inclán. Y desde Málaga ,Juan Fernando Ortega Muñoz y en Vélez-Málaga su alcalde, Juan Gámez, iniciaron un eficaz proceso de acercamiento y muy concretas gestiones para facilitarle el regreso al pueblo, y en cualquier caso la vida en Madrid. Desde el primer día Mari Paz es su asistenta y la médico Olga Fano se convierte en su médico de cabecera.
30 He relatado lo que fue el regreso de Zambrano desde Ginebra a Madrid en «El regreso de María Zambrano», publicado en La Gaceta del Libro, 1-15 de diciembre de 1984, pág. 56.

1985
La actividad intelectual de Zambrano es incansable. El 28 de febrero es nombrada hija predilecta de Andalucía. Prodiga moderadamente sus salidas: siempre al Retiro, al lado; alguna comida también en el cercano Hotel Ritz; al Instituto que lleva su nombre en Leganés; a la Academia de San Fernando; a «sus» barrios del Madrid de los Austrias y su casa de la Plaza del Conde de barajas. Reiteradamente fustra a voluntad su proyectada visita al también cercano Museo del Prado, por miedo a que ya no esté, o a que sus rincones preferidos —Velázquez, Zurbarán...— hayan sido retocados por una luz deslumbrante. Asimismo participará en un homenaje que en el Ateneo de Madrid se le tributa a Alfonso Reyes. Pasó sendas temporadas durante la Semana Santa y e verano en Galapagar en la casa que en el campo tienen algunos amigos suyos. A uno de éstos —el economista Carlos Manuel Fernández— le encargó enterrase allí, bajo un cedro, a sus dos gatas; primero, este mismo año, a «Tigra» (19 años) y el de 1987 a «Blanquita» (15 años). A finales de 1985 un amigo, amante de los gatos como ella, le regalo dos gatas grises, de un mes (Lucía y Pelusa) que estarían con Zambrano hasta su muerte.

1986
Como testimonia la multitud de artículos que Zambrano publica en este año, así como De la aurora y la reedición de El sueño creador, su actividad literaria no ha disminuido. Dado que la falta de visión le impide escribir por sí misma, siempre encontró alguna mano colaboradora dispuesta a ayudarle. A más de los dos mencionados, Elena Gómez (de la editorial Anthropos) colabora casi a diario con Zambrano en la ordenación y recopilación de artículos. Aparece Senderos que recoge varios escritos de Zambrano. Algunos de sus artículos son grabados en magnetofón por J. M. Ullán, quien el 11 de mayo publica una de las varias entrevistas que le hizo:
P.— ¿Desde este retiro te atreves a sospechar cómo está España?
R.— Me temo que no. Pero veo los informativos de televisión con cierta frecuencia y eso me quita la gana de vivir, no ya en España, ni en el mundo, sino en el universo. Es terrible lo feo que está el mundo. No hay un rostro de verdad, un rostro, puro o impuro, pero un rostro. El mundo está perdiendo figura, rostro, se está volviendo monstruoso. Y ahí, hasta San Juan de la Cruz viene en mi apoyo: «La dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura... "¿Cómo amar a un mundo que no tiene presencia ni figura? ¿Cómo hablar siquiera de él? Hay momentos en que se me aparece de inmediato la posibilidad de no volver a hablar nunca. Pero luego me acuerdo, y me río, de esas personas a las que les da por hablar de silencio y no acaban nunca (...) Sí, encuentro que el mundo se está vaciando de pensamiento. Es horrible (...) Tal vez lo que yo siento es que no hago aquí ná... Me acuerdo de un proverbio árabe que le gustaba citar a Ortega: "Bebe en el pozo y deja tu sitio a otro" (...)».

1987
María Zambrano, no obstante, persistía en el ser y seguía amando la vida. Siempre que no estuvo indispuesta —lo que a partir de ahora sucedió con harta frecuencia— la casa de María Zambrano podía convertirse en lo que ella misma quería: «El arca de Noé»31. Cabían las más variadas especies. De esta época, acaso fuese un día privilegiado para ella aquel de primavera que habló (largamente) en el Servicio de Publicaciones del MEC sobre Lezama Lima. Es entonces cuando comenzó a preparar la publicación de Notas de un método (ayudada por J. C. Marsé) y la reedición de Filosofía y Poesía, La agonía de Europa, La confesión y Persona y democracia. En ello, Rogelio Blanco, que se había encargado de gestionar sus publicaciones, tuvo una intervención crucial. Hubo de marcharse Mari Paz, sustituida por María Dolores. En seguida volvió Mariano, y vinieron también a vivir con ella su primo Isaías Tomero y Iovanna, su mujer, que hasta la muerte de Zambrano cuidaría de ella.
En su casa de Madrid es realizada la investidura del Doctorado Honoris Causa acordado en 1982 por la Universidad de Málaga, a la que acuden su rector y el principal promotor de esta concesión, el catedrático de Filosofía J. Fernando Ortega Muñoz.
Se constituye en Vélez-Málaga la fundación que lleva su nombre, motivo por el cual tienen lugar sus primeras reuniones en su casa de Madrid. La intervención de la fundación será decisiva para lograr la definitiva tranquilidad en «lo paralelo e indispensable en el vivir», que gustaba decir a Zambrano, aunque desde su vuelta a Madrid no tenía ya agobio económico alguno: sus múltiples colaboraciones en prensa, las prontas publicaciones o reediciones de libros, una ayuda del Ministerio de Cultura (Dirección general del Libro) y algunos envíos del «hermano» Timothy Osborne, cooperaron en ello.
31 Existe un inédito suyo con este título.

1936
Además de concluir Notas de un método, Zambrano escribe múltiples artículos, y sigue recibiendo a los amigos. Entre éstos, y a más de los mencionados, el pintor segoviano Jesús de la Torre y su esposa, quien le sirvió de enfermera en algunas ocasiones; Alfredo Castellón (con el que mantenía una gran amistad desde Roma) que durante estos y sucesivos años fue realizando los mejores documentales en vídeo existentes sobre María Zambrano. Y aquellos como Edison Simos o Chimo Verdú que específicamente venían algunas temporadas a Madrid fundamentalmente para estar con María Zambrano.
Y en el otoño le es concedido el Premio Cervantes por un jurado constituido por Jorge Semprún, Rafael Lapesa, Pablo Antonio Cuadra, Emilio Alarcos, Alfredo Bryce Echenique, Alfredo Conde, Monserrat Roig, Carlos Fuentes, Juan Manuel Velasco y José María Merino.

1989
Antes y después de la recepción del Premio. Antes el nerviosismo, la perplejidad, la agitación (entrevistas, visitas «oficiales»), el empeoramiento de su salud, y literalmente la mudez y la imposibilidad de escribir. De diciembre del año anterior a marzo de éste se ensayó con ella el copiarle un discurso para la recepción del premio. No pudo ser. Han quedado unas notas encantadas (y alguno de sus mejores «delirios») aunque no aptos para una recepción oficial. El discurso oficial lo constituye un collage de escritos de María Zambrano que sabia y piadosamente compuso un poeta amigo suyo, basándose esencialmente en el escrito de 1955, «Lo que le sucedió a Cervantes» haciéndolo preceder de unas palabras introductorias acordes con la escritura y el pensamiento de Zambrano. Ella quedó completamente apaciguada con esta solución.
Después de la entrega del Premio: pasado el vendaval, volvió la palabra y la capacidad de trabajo. Comenzó a revisar con Rosa Mascarell —desde hacía tiempo contratada como (eficaz) secretaria— los escritos que formarán en seguida el libro Los bienaventurados, y también las más de 600 páginas que constituían, desde Roma, su investigación sobre Los sueños y el tiempo. Y fue preparando con Amalia Iglesias la recopilación que es Algunos lugares de la pintura. Decidió, asimismo, dar a publicar Delirio y Destino.
En octubre, y en su casa de Antonio Maura, el rector de la Universidad Complutense de Madrid, Gustavo Villapalos, le entregó el original de su título académico en la Universidad Complutense.

1990
Sin poder ya sostenerse en pie, en una silla de ruedas, Zambrano se exasperaba por momentos, y en otros caía en oscuros letargos, sin apenas articular palabra. Por días también alcanzaba una calma lúcida y gozosa que le permitió dictar algunos artículos y recomponer otros inéditos de épocas anteriores. «El cine como sueño», «Jaime en Roma» (Gil de Biedma), «Una parábola árabe», «La recreación», «Una injusticia» (su última señal de admiración por J. Besteiro), e «Impávido entre las ruinas» (sobre Azaña). Su último artículo publicado fue «Peligros de la paz», en noviembre: ante el horror que ella sentía se estaba apoderando del mundo, ante los sucesos del Golfo Pérsico, es éste su último acto escrito de esperanza y lucidez. Se publicó Los bienaventurados, y dejó copiado (por Rosa Mascarell)Los sueños y el tiempo, que ya habría de publicarse póstumamente.

1991
Pocos días antes de que la llevaran, por primera vez, al Hospital de la Princesa, María Zambrano le dijo por teléfono a su amigo Edi Simons «Estamos en la noche de los tiempo, Edison Simons, hay que entrar en el cuerpo glorioso». Y colgó. A mediados de enero hubieron de llevarse al hospital a Mariano. María creyó que iba él a morir, y literalmente se descompuso. Hubo que ingresarla aquejada de una infección respiratoria severa que provocó la descompensación global. pero se recuperó lo suficiente para volver a casa. Se reprodujo la infección. Vuelta a «la Princesa», habitación compartida, noches delirantes. Pero se recuperaba. La tarde del 5 de febrero estuvo muy serenamente charlando con Javier Ruiz, recordando amigos y secreteándole sus amores más ciertos. A mediodía del 6, mientras intentaba comer, le comenzó, de nuevo el (final) ahogo. Unos instantes angustiosos. Pero, una eliminación por medios mecánicos del exceso de secreciones, hizo que lentamente el corazón de María Zambrano se detuviese sin perceptible agonía. Estaban con ella Fernando Muñoz, Rogelio Blanco, Jesús Moreno Sanz, Teresa García, Esther Blázquez, Antonio (hermano de su gran amigo Alfredo Castellón). Al día siguiente se su muerte, se la trasladó a su pueblo, Vélez-Málaga, donde yace, entre un naranjo y un limonero, en una casita —que ella quiso en vida se le construyera— en el cementerio local. En la lápida, por previsorio deseo suyo, está inscrita la leyenda del Cantar de los Cantares: Surge amica mia et veni. A su tumba acuden —quizás porque allí les echan de comer— decenas de gatos de todos los colores. Allí también han sido trasladados los restos mortales de su madre y su hermana Araceli.

www.fundacionmariazambrano.org -    7 Visitas