1932
Es la encrucijada. Posiblemente éste sea uno de los
años más críticos, por confuso y contradictorio,
de su vida. En lo que la política será el factor
decisivo. Es la segunda pausa en el péndulo vital y
filosófico de Zambrano. Aunque sustituye a Zubiri —realizando
estudios en Alemania— como profesora de metafísica
en la Universidad Central, y se vincula más que nunca
a Ortega, apenas escribe, su salud vuelve a ser muy delicada,
y su estado de ánimo, a mitad del año —conforme
se aprecia en la carta que le dirige entonces, llena de fervor,
al maestro— es de angustia, por ella misma y por su
generación, a la que ve hermética, desorientada,
en pleno «delirio» —que como temática
es la primera vez que aparece en letra de Zambrano—
y sumida en la desconfianza; la perspectiva de una España
según sus grandes expectativas, se pierde; y con ella
la fe y la solidaridad; no hay sino repliegue y desbandada.
Y es éste el momento de su más grave error político
—según ella misma—: la constitución
y firma del Manifiesto del Frente Español (FE) (Luz,
7 de marzo) —alentadas en la sombra por Ortega y en
la que se expresa su incitación a un «Partido
Nacional»— junto a un grupo de jóvenes
universitarios, constituido por A. Riaño, J. A. Maravall,
S. Lissarrague, J. Santeiro, E. García del Moral y
A. Vázquez—. Incluso intentó sumarse J.
A. Primo de Rivera, pero lo impidió, personal y contundentemente,
la propia Zambrano. Pero el vínculo directo con Ortega
es el diputado por la «Agrupación al servicio
de la Republica» A. García Valdecasa y, tras
él, A. Garrigues, quienes, sin firmar el manifiesto,
constituían, junto a Maravall y a María Zambrano,
los elementos más destacados de éste FE. Zambrano
se apercibe enseguida del cariz casi fascista que este movimiento
adquiere, y, según ella misma, «como tenía
poder para ello», lo disolvió. Aún veremos
repercusiones de este evento, muy peligrosas para Zambrano
en el año 1936. En todo caso, lo que ella no pudo impedir
fue que la misma Falange usara las siglas —FE—
y aun, inicialmente completos los estatutos de esta orteguiana
empresa.
Consta también, este año, Zambrano entra en
contacto con la tertulia «Pombo», en torno a Gómez
de la Serna, y visita, de cuando en cuando, con su mejor amiga
de entonces, la pintora Maruja Mallo, y otros jóvenes,
«La Granja del Henar», donde oficia Don Ramón
del Valle-Inclán. Allí conoce al que enseguida
—y para siempre— será uno de sus grandes
amigos, Rafael Dieste. Con él, y con A. Serrano Plaja,
E. de Azcoaga y A. Sánchez Barbudo, colabora en la
creación de Hoja Literaria, que dirigirán los
tres últimos. Se trata del primer intento de lo que
acabará siendo uno de los grupos intelectuales españoles
de mayor altura, y que cuajará en Hora de España,
tras el segundo y breve intento con el Buque Rojo, ya en diciembre
de 1936. En Hoja Literaria, en su número I (enero),
publicará uno de los pocos escritos de este año:
«De nuevo, el mundo», fiel reflejo aún
de las esperanzas, cívicas y filosóficas, que
verá enredarse a lo largo de todo este confuso año.
Triunfará, sin embargo, la filosofía: «Podría
ser feliz, sin embargo [...] —le dice a Ortega en la
mencionada carta—. Leo filosofía, única
cosa que no me extraña, con una inmensa alegría,
porque ella me da una salida luminosa al mundo, porque la
amo como a aquello que durante mucho tiempo nos ha esperado
perdonándonos todas las más aparentes que efectivas
traiciones.